jueves, 8 de mayo de 2014

Historia de un oficio (IV)

Aún no hemos hablado de un aspecto crucial para este asunto, y que tal vez esconda parte del misterio de esta resistencia al cambio. Durante todo el siglo XIX la procesión del Santo Entierro comenzaba en la iglesia parroquial de El Salvador y Santo Domingo de Silos. Si resulta complicada la salida y entrada de pasos a su interior, debido a la escalinata que presenta en su acceso principal, ¿cómo se organizarían las hermandades para entrar y salir del templo con pasos a ruedas?

Procesión oficial del Santo Entierro. 1949
Las crónicas previas a este punto nos hablan de un alineamiento de los pasos en el interior de la iglesia parroquial durante los instantes previos a la salida. ¿Se seguiría haciendo igual? ¿Quedaría algún paso en el exterior dada la imposibilidad de acceder con el mecanismo de ruedas?

Llegados al siglo XX, la situación sufre varios cambios que hace que el número de hermandades que procesionan sufra la siguiente evolución: 

1900: Jueves: Caído. 
          Viernes: Esparraguero, Angustias, Sepulcro y Dolores 

1905: Viernes: Caído, Esparraguero, Angustias, Sepulcro y Dolores 

1910: Jueves: Caído 
          Viernes: Amarrado, Caído, Esparraguero, Angustias, Sepulcro y Dolores 

1915: Jueves: Caído 
       Viernes: Huerto, Amarrado, Caído, Calvario, Esparraguero, Descendimiento de Ánimas, Angustias, Sepulcro y Dolores 

1920: Miércoles: Calvario 
          Jueves: Caído 
       Viernes: Huerto, Amarrado, Caído, Calvario, Esparraguero, Expiración, Angustias, Sepulcro y Dolores

Desde principios del siglo XX se vive la reorganización de algunas hermandades cordobesas, sobre todo durante la segunda década, así como la fundación de nuevas corporaciones sobre todo durante los últimos años de 1930 y los primeros de 1940. Esto provoca un aumento en el número de pasos así como de las necesidades de cargadores. La estética comienza a tener cierta importancia en los cortejos, intentándose mantener las gualdrapas bajadas durante la mayor parte del recorrido. Y como herencia de las antiguas parihuelas en algunos pasos se mantienen las trabajaderas dispuestas de manera longitudinal, como ocurrían en los pasos del Calvario (1920), Expiración (1918) o el antiguo paso del Corpus Christi; portado por tanto solo 9 hombres.

Las trabajaderas longitudinales permitían a los hombres cargar sobre los dos hombros, habilitándose un hueco entre trabajaderas donde poder meter la cabeza. De esta manera las labores de carga eran algo más descansadas que sobre un único hombro, pudiéndose aumentar el número de cargadores en detrimento de los hombres de refresco. A modo de ejmplo podemo recordar cómo a principios del siglo XX el paso de los Dolores calzaba 12 hombres y el de las Angustias, 18 con 3 adicionales de refresco; todo ello influenciado por el coste de dichos hombres.

Al "esconderse" el trabajo de los cargadores detrás de las gualdrapas éstos comienzan a no ver el recorrido, apareciendo la figura del director del paso. Este término es necesario para diferenciarlo del de capataz o capataz de costaleros, que era la persona encargada de aportar los costaleros, organizarlos e incluso dirigirlos desde el interior. La ubicación de este úlimo es siempre en la parte delantera del paso para recibir las instrucciones desde el exterior del director del paso, repitiéndolas hacia la parte posterior. Algunos capataces Manuel Naz Román, o sus hijos Manuel y Rafael Naz Fernández (Angustias) lo denominaban “portador de confianza”.

Amarrado a la Columna con Manuel Hinojosa como capataz
Y ante esta nueva situación se produce algo totalmente insólito en nuestra Semana Santa, como es el que un mismo capataz repita salida con dos hermandades diferentes. Como acabamos de decir, de esta época podemos recordar a capataces como los Naz (capataces y miembros de Junta de las Angustias). Francisco Castro “Franciscorro”, “Chupacruces” o “El Sacristán”, puesto que ocuparía en la parroquia de San Francisco y San Eulogio y que ejerció de capataz del Santísimo Cristo de la Misericordia (desde inicio hasta 1949) de la Esperanza y del Huerto. Su hijo Emilio Castro "El hijo del Sacrtistán". Bartolomé González González, capataz que fue de la Paz entre 1941 y 1945. Sus auxiliares Rafael Monroy (posteriormente capataz de la Paz y Esperanza y del Caído desde el estreno del nuevo paso) y Manuel Álvarez Casas (posteriormente capataz del paso de la Humildad y Paciencia). José Lucena Tarifa, Manuel Hinojosa y Manuel Sánchez López “Carloto" o el reconocido José Gálvez Galocha "el policia" junto a sus auxiliares y posteriormente maestros de capataces Ignacio Torronteras o Rafael Muñoz.



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